
Entre la tecnología y la artesanía: mi viaje creativo
En un mundo donde todo se mueve rápido, donde las decisiones se toman en cuadros de mando y donde la eficiencia es lo principal, he encontrado un refugio: la creación, la artesanía.
Vivo en el mundo de la tecnología. Mi vida diaria está marcada por la gestión de proyectos, análisis detallados y metodologías rigurosas. Pero al mismo tiempo, mis manos buscan algo más: un regreso a lo esencial, a lo material, a la lentitud del gesto artesanal.
Un puente entre dos universos: tecnología y artesanía
Lejos de oponerse, estos dos mundos se complementan. El rigor de la tecnología estructura mi creatividad, mientras que la artesanía me reconecta con algo más instintivo. Cuando creo una lámpara o una vela perfumada, no hay algoritmos ni métricas de rendimiento: solo intuición, inspiración y la sensación de los materiales.
Es en este contraste que aprendí a existir. Uno me muestra el camino, el otro me guía hasta allí. Uno es un viaje interior, el otro una exploración de lo exterior. En realidad, estas dos dimensiones no se oponen sino que se entrelazan para dar origen a algo único. La racionalidad adquirida en el entorno tecnológico me permite abordar la artesanía con un enfoque metódico, mientras que la creatividad de la artesanía me ayuda a infundir calidez y humanidad en mi vida diaria.
Me gusta pensar que cada una de mis creaciones lleva esta dualidad dentro de ella. No es sólo un objeto decorativo, sino un fragmento de historia, un encuentro entre precisión y espontaneidad, entre reflexión y sentimiento.
Viajes y raíces
Mis raíces también moldean quién soy. Desde Jamaica, donde nací y crecí al son de Bob Marley, pasando por Costa de Marfil, arrullada por la voz de Alpha Blondy y el sol vibrante de las plantaciones de flores, hasta París, la ciudad más bella del mundo, cada cultura, cada viaje ha dejado en mí texturas, colores, aromas.
Estos fragmentos de vida impregnan mis creaciones como una huella invisible, una mezcla sutil de mis orígenes que también se encuentran en la India y China.
Cada lugar se imprime en mí como una paleta sensorial que, un día u otro, encuentra su camino en mis creaciones. Un tono que recuerda la cálida arena de una isla, una fragancia que evoca una puesta de sol subtropical, una forma inspirada en esculturas tradicionales encontradas durante un viaje: todo se convierte en fuente de inspiración.
Más allá de la estética, estas influencias también son emocionales. Cuentan momentos, sentimientos, encuentros. Son un homenaje a las culturas que han dado forma a mi viaje y continúan alimentando mi imaginación.
Crear es viajar
Pasear por las calles de Nueva York, Singapur, Tulum o Miami… explorar los bulliciosos mercados de Makati, Bangkok o Delhi… Estas experiencias nutren mi mundo. Cada lugar tiene su energía, cada aroma una historia. A través de mis creaciones, quise capturar estos momentos, estas emociones, y transformarlas en objetos que cuenten un viaje tanto como decoren un espacio.
Para mí crear es invitarte a viajar. Cada vela encendida es una puerta abierta a otro lugar. Cada lámpara ilumina no sólo una habitación, sino también una emoción, un recuerdo sensorial.
Me gusta creer que mis creaciones son fruto de un diálogo entre la materia y yo: el ratán, tejido pacientemente, parece vibrar bajo mis dedos, recordando el entrelazamiento del tiempo y las tradiciones. La cera, caliente y maleable, atrapa los aromas del perfume antes de solidificarse en una llama danzante.
¿Qué parte de mi historia, de mis viajes, puede reflejar? La respuesta rara vez llega de inmediato, sino que se construye, a través de gestos e intentos que son eternos recomienzos hasta la perfección, mi perfección.
¿Porque creo?
Lo que busco, más allá del objeto, es una emoción. Un aroma que trae consigo un recuerdo. Una luz que calienta una habitación. Un objeto que encuentra naturalmente su lugar en un interior, como si siempre hubiera estado allí.
Hoy en día, hago malabarismos entre estas dos facetas: la precisión de la tecnología y la libertad de la artesanía. Este equilibrio, lejos de ser obvio, es sin embargo lo que me nutre. Me permite explorar constantemente nuevos caminos y superar mis propios límites.
Crear es también una forma de transmitir. Regalar un objeto artesanal es regalar mucho más que un producto: es compartir una intención, una historia, una parte de ti mismo. Me gusta la idea de que mis creaciones puedan acompañar momentos de la vida, integrarse en entornos que sólo puedo adivinar, convertirse en testigos silenciosos de momentos preciosos.
A menudo me encuentro sonriendo al pensar que una de mis creaciones sea parte integral de la decoración de un lugar cercano o de un país lejano. Esas atmósferas que quizá nunca vea, pero que habitan mis creaciones. Y es en esta idea donde reside mi mayor satisfacción.
Soy MIYA, artesano inscrito en el Registro Mercantil.
Bienvenido a mi diario
Un espacio donde comparto mis inspiraciones, mis descubrimientos y mi amor por las manualidades. Te invito a acompañarme en mi viaje creativo.
Frenchman's Cove - Portland, Jamaica